El sainete del Ecce Homo

Una vecina de Borja restauró un fresco por su cuenta, dando lugar a una esperpéntica historia

Quien más quien menos, este verano habrá oído hablar del Ecce Homo de Borja. Se trata de una pintura del siglo pasado que languidecía en una pequeña iglesia del municipio aragonés de Borja.

 

Este fresco estaba deteriorándose de forma significativa. Las autoridades locales no habían encontrado nunca el tiempo ni el dinero para enviar a un profesional a que la restaurara, quizá debido al carácter “local” de la obra, a los malabarismos presupuestarios… pero a una vecina de la localidad aficionada al arte, llamada Cecilia, sí que le sobraba algo de tiempo. Y decidió invertirlo en restaurar la obra que, por lo demás, no parecía importarle a nadie.

 

Esta situación no habría tenido mayor importancia de no haber sido porque el resultado es absolutamente único e indescriptible:

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Lo primero que uno piensa cuando lo ve es: ¿cómo diablos lo ha hecho? Porque eso no es una restauración fallida. Es una transformación absoluta, un remake en toda regla que juega con otras normas y otros preceptos.

 

Lo segundo que hace uno, de forma instintiva, es reír. El Ecce Homo es esencialmente gracioso, con esa mirada torcida y simiesca.

 

Esto ha resultado una pesadilla para la restauradora, ya que la pintura recorrió la red entera a la velocidad de la luz, y la autora se ha visto sometida al cachondeo generalizado de la red. Por un lado, con la broma directa del tuitero o el comentarista de turno, bien de buen rollo, bien de forma ofensiva.

 

Por otro, ha habido algunos sectores que, de una forma un tanto entre naíf y decadente, se han puesto a idolatrar la imagen consagrándola como una genuina obra artística. Que da tanto para una exposición de arte como para una marca de vinos.

 

Para muchos, glorificar el nuevo Ecce Homo y montar exposiciones y homenajes es una bufonada. Se centran en que este asunto ha sido, simplemente, un error que conviene cerrar y olvidar.

A los expertos parece que les moleste admitir que, quizá, el nuevo Ecce Homo sea arte

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Pero, ¿y si no fuera un error?

Es decir, ¿existe algún problema real para que la versión de doña Cecilia sea considerada una obra de arte? Veamos.

 

1)   Nadie puede decir que la obra es fea. No en un mundo donde existe tanto arte diferente, acumulado durante milenios, arte que más de una vez ha sido llamado “feo”, y que ahí perdura como concepto artístico. El Ecce Homo no parece algo “mal hecho”. No está dibujado de cualquier manera. El trazo y el cambio radical de la obra indican un trabajo minucioso, aunque fallido para nuestros cánones, que de una restauración esperan la copia fiel de lo que había.

2)   Hay que preguntarse si la casualidad de su creación la invalida como obra de arte per se. La restauradora no pretendía cambiar nada, pero lo cambió. Pero lo cambió de una forma muy determinada y homogénea, compacta. El nuevo Cristo tiene tantos aires al Grito de Munch como a una figura de Botero, pero la obra en su conjunto, no una parte. ¿El hecho de que no fuera pretendida debería obligarnos a ignorarla como creación artística?

3)   Es hipnótica. Y eso, por sí solo, debería ser suficiente. Cuando empiezas a mirar el Ecce Homo no puedes apartar la vista. Sabes que estás viendo algo bueno. Aunque sea en un sentido cómico, pero es bueno. Noticias absurdas se publican diariamente. Internet almacena decenas de miles de videos idiotas con errores garrafales, malentendidos o equivocaciones que mueven a risa. Algunas se esparcen más rápido, otras menos, pero ésta no habría dado la vuelta al mundo (se vio en más de 130 cadenas de televisión) si el nuevo Ecce Homo no tuviera algo

 

Posiblemente, el asunto se olvidará, si es que no está olvidado ya. Esta sociedad tan loca, devora cualquier cosa que le pones delante y tras chupar hasta el tuétano, lo arroja a un lado del camino.

Pero creo que seremos más de uno los que guardaremos una fotografía del cuadro, por si acaso las autoridades terminan destruyéndolo, aunque si aún no lo han hecho, significa que sus dudas tienen. Querremos recordar una curiosa obra artística nacida de la casualidad, que simbolizaba la España actual de forma perfecta: había algo abandonado por las autoridades (una pintura, un país) que una ciudadana común sin la menor pretensión cambió de forma irremediable. A la vez para peor, y para mejor.

 

En mi opinión, la obra del 2012. No por lo que es, sino por todo lo que significa.

¿Cómo lo veis vosotros?

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